PLAN DE ACOMPAÑAMIENTO AL ALUMNADO

El presente proyecto trata sobre el acompañamiento, que consiste en una estrategia enmarcada dentro de la enseñanza personalista que favorece la resolución de conflictos y mejora la convivencia en el grupo/centro. Además, promueve cambios internos en el alumno, favoreciendo la comprensión de lo que le está pasando. Consiste en disponer de un espacio y tiempo adecuado para poder indagar en las emociones del alumno y poder ayudarlo.

El acompañamiento en la escuela salesiana pretende que los educadores generen relaciones convincentes en el ámbito afectivo educativo. Esto se basa en que Don Bosco experimentó que el eje central de la personalidad sólida y armónica del joven es el afectivo. Se puede decir que la relación educativa afectuosa se sitúa en el centro del desarrollo personal de nuestros alumnos y se expresa a través de la calidad del trato y la forma de comunicación con ellos. De ello se deduce que, cuando se habla de respeto, estima, calor humano, presencia cercana…, nos situamos más allá de una competencia didáctica. Se hace referencia a una capacidad de relacionarnos con toda una gama de modalidades que ponen en juego el mundo afectivo no sólo del educando, sino también del educador.

En este sentido, se podría hablar de un amor pedagógico como estructura que motiva a cada acompañante.

Si la familiaridad es la forma de la comunicación; el amor pedagógico es su esencia. Esta disposición a desarrollar y cuidar por todo acompañante es una relación humana, serena y acogedora que levanta, alivia y muchas veces suple lo que les falta a los alumnos, es por ello, incompatible con la frialdad, la distancia o el rechazo de la condición juvenil. La amabilidad (amorevolezza) es cordial y permanece, no obstante los errores del educando, que lo hace sentirse amado aun cuando sea corregido. En palabras de Don Bosco:

“sin familiaridad no se demuestra el afecto y sin esta demostración no puede haber confianza. Quien quiera ser querido, necesita hacer ver que quiere”.